Porque si, porque si, porque en esta vida no quiero pasar más de un día entero sin tí. Porque si, porque si, porque mientras espero por tí me muero y no quiero seguir así
El deseo trabaja como el viento. Sin esfuerzo aparente
Si encuentra las velas extendidas nos arrastrará a velocidad de vértigo. Si las puertas y contraventanas están cerradas, golpeará durante un rato en busca de las grietas o ranuras que le permitan filtrarse.
El deseo asociado a un objeto de deseo nos condena a él. Pero hay otra forma de deseo, abstracta, desconcertante, que nos envuelve como un estado de ánimo. Anuncia que estamos listos para el deseo y sólo nos queda esperar, desplegadas las velas, que sople su viento.
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